OLGA NEUWIRTH
(Graz, Austria 1968)

Dreydl

Estrena nacional – 12’

WILLIAM WALTON
(Oldham, Inglaterrra 1902 – Ischia, Italia 1983)

Concierto para viola y orquesta

(1928-29, rev. 1962) – 27’

Andante comodo
Vivo, e molto preciso
Allegro moderato

Antoine Tamestit, viola

PAUSA 20’

JEAN SIBELIUS
(Hämeenlinna, Finlandia 1865 – Järvenpää, Finlandia 1957)

Simfonia n.º 1 en mi menor, op. 39

(1899) – 38’

Andante, ma non troppo – Allegro energico
Andante, ma non troppo lento
Scherzo: Allegro
Finale (quasi una fantasia): Andante – Allegro molto

ORQUESTRA SIMFÒNICA DE BARCELONA I NACIONAL DE CATALUNYA

Antoine Tamestit, Viola

Nicholas Collon, DIRECCIÓn

PRIMEROS VIOLINES Jaha Lee, concertino associada / Raúl García, assistent de concertino / Sarah Bels / Walter Ebenberger / Natalia Mediavilla / Lev Mikhailovskii / Katia Novell / Ivan Percevic / María Pilar Pérez / Anca Ratiu / Jordi Salicrú / Aurora Zodieru-Luca / Laura Pastor*/ Yulia Tsuranova* SEGUNDOS VIOLINES Alexandra Presaizen, solista / Emil Bolozan, assistent / Maria José Aznar / M. José Balaguer / Jana Brauninger / Patricia Bronisz / Clàudia Farrés / Alzy Kim/ Melita Murgea / Josep Maria Plana / Robert Tomàs / Ana Kovacevic* VIOLAS Anna Puig, solista / Pawel Krymer*, assistent invitat / Christine de Lacoste/ David Derrico / Josephine Fitzpatrick / Sophie Lasnet / Miquel Serrahima / Jennifer Stahl / Andreas Süssmayr / Adrià Trulls VIOLONCHELOS José Mor, solista / Charles-Antoine Archambault, solista / Blai Bosser / Irene Cervera / Lourdes Duñó / Vincent Ellegiers / Jean-Baptiste Texier / Joan Rochet* Texier CONTRABAJOS Christoph Rahn, solista / Dmitri Smyshlyaev, assistent / Jonathan Camps / Apostol Kosev / Matthew Nelson / Albert Prat FLAUTAS Christian Farroni, assistent / Pablo Alcántara*,  flautí OBOÈS Dolors Chiralt, assistent / José Juan Pardo / Disa English, corn anglès CLARINETS Josep Fuster, assistent / Francesc Navarro / Lluís Casanova*, clarinet en mi b / Alfons Reverté, clarinet baix FAGOTS  Bernardo Verde*, solista invitat/ Noé Cantú / Slawomir Krysmalski, contrafagot TROMPAS  Juan Manuel Gómez, solista / Joan Aragó / Juan Conrado García, assistent / David Bonet / Pablo Marzal TROMPETAS Mireia Farrés, solista / Andreu Moros* / Patricio Soler* TROMBONES Eusebio Sáez, solista / Vicent Pérez / Gaspar Montesinos, assistent / Raúl García, trombó baix TUBA Jose Vicent Climent* TIMBALES Luc Rockweiler PERCUSIÓN Joan Marc Pino / Juan Francisco Ruiz / Ignasi Vila ARPA Magdalena Barrera, solista ÓRGANO ELÉCTRICO Francisco Martí* GUITARRA ELÉCTRICA Laura Fontanals* SAXOFON Luis Ignacio Gascón*

ENCARGADO DE ORQUESTA Walter Ebenberger
RESPONSABLE DE DOCUMENTACIÓN MUSICAL Begoña Pérez
RESPONSABLE TÉCNICO Ignasi Valero
PERSONAL DE ESCENA Luis Hernández*

* Colaborador/a

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por Asier Puga

POLIRRITMIAS

«Cada sociedad puede definirse por la epidemia que la amenaza y por el modo de organizarse frente a ella», escribió el filósofo Paul B. Preciado en un artículo de 2020 sobre la pandemia de la COVID-19.

Un año después, en 2021, la compositora austríaca Olga Neuwirth compuso su obra Dreydl, una pieza orquestal de un movimiento que surge de «mi preocupación por la memoria y el paso del tiempo», explica la propia compositora. Utilizando textos del poeta, compositor y carpintero judío Mordechaj Gebirtig (1877-1942), así como canciones infantiles yidis, la obra ejemplifica los intereses de Neuwirth respecto a remodelar y reinventar ritmos o patrones que casi no tienen desarrollo. Estos continuos patrones rítmicos, que subyacen durante toda la obra, representan «la mortal circularidad del destino como la que hemos experimentado durante los dos años de la pandemia, donde el tiempo se había suspendido y nadie sabía lo que nos depararía el futuro», concluye la compositora.

En 1928, el director de orquesta Sir Thomas Beecham sugirió a un joven William Walton la composición de un concierto para viola con el fin de que lo interpretara el reconocido violista Lionel Tertis. Dentro del ambiente musical inglés, Walton tenía fama de compositor vanguardista por obras como Façade (1923), Portsmouth Point (1925) y la Sinfonía concertante (1928). Lionel Tertis, al recibir el concierto, se negó a interpretarlo por su modernidad, hecho que llevó a Paul Hindemith, quien era un fantástico violista, a realizar el estreno de la obra.

En el Concierto para viola se pueden apreciar ecos de Prokófiev, Hindemith y, sobre todo, de Elgar, a quien Walton admiraba enormemente. «Walton, como Elgar, comienza con un lento movimiento reflexivo. Se pueden identificar las características distintivas del estilo del compositor: intervalos amplios, arabescos en bucle, junto con patrones rítmicos irregulares y sincopados. El final del primer movimiento es uno de los pasajes más bellos de toda la música de Walton», escribió Michael Kennedy, crítico musical y biógrafo de Walton.

Sibelius nació en 1865 en el Gran Ducado de Finlandia, es decir, una región autónoma, pero dependiente de los volubles intereses de los zares del Imperio Ruso. Este clima político y social afectó de manera directa al joven Sibelius que, poco a poco, se iría convirtiendo en un símbolo de la lucha por la independencia de su país.

Tras estudiar en el Instituto de Música de Helsinki, Sibelius comenzó a recibir clases de uno de los grandes pedagogos, compositores y pianistas de su tiempo: Ferruccio Busoni. Posteriormente amplió sus estudios en Viena y Berlín, acudiendo a estrenos de obras de Richard Strauss y descubriendo la música de Bruckner mientras continuaba profundizando en la obra de Beethoven y Wagner.

Es durante esta época cuando Sibelius comienza a pensar en la composición de una sinfonía. Ese primer intento dará como resultado uno de sus célebres poemas sinfónicos, Kullervo (1892). Posteriormente, Sibelius seguirá esa línea y compondrá otros poemas sinfónicos relevantes, como En saga (1892) o El cisne de Tuonela (1895).

En esta primera etapa se hacen más evidentes las tensiones en Sibelius entre la música programática (desarrollada magistralmente en sus poemas sinfónicos) y la música pura. «No quisiera mentir en el arte… Pero creo que me encuentro en el camino correcto. Ahora capto esas tendencias musicales finlandesas, puramente finlandesas, menos realistas, pero más veraces que antes», escribió Sibelius a su esposa.

Durante uno de sus viajes a Berlín en 1898 descubre la Sinfonía fantástica de Berlioz, esa suerte de sinfonía literaria que le deja absolutamente fascinado. «He trabajado duro durante tres días. Ha sido maravilloso. Estoy trabajando en algo nuevo, alla sinfonia», escribe Sibelius en 1899 desde una Finlandia cada vez más agitada por las tensiones con Rusia.

La Primera sinfonía fue tomando cada vez más relevancia como forma “pura”, abandonando la idea de una sinfonía programática como podía parecer por las influencias previas de Sibelius.

El 26 de abril de 1899, bajo una atmósfera de opresión y censura, Sibelius dirige el estreno de su Primera sinfonía en la Universidad de Helsinki. Cada movimiento es aplaudido y leído como una respuesta a las ansias de libertad del pueblo finés. El estreno es un completo éxito.

“Es la obra más grandiosa que la música finlandesa nos ha traído hasta ahora”, dijo el compositor Oskar Merikanto tras el concierto. Ese éxito propició que la obra fuera interpretada en la Exposición Universal de París en 1900, dando a Sibelius uno de sus primeros éxitos internacionales.

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