BALTASAR SAMPER
(Palma de Mallorca 1888 – Mexico 1966)

Ritual de pagesia

(1933) – 9’

Als olivars
De vetllada, a la llar
Als figuerars

SERGUEI RAKHMÀNINOV
(Semyonovo, Rusia 1873 – Beverly Hills, California 1943)

Concierto para piano y orquesta n.º 4, op. 40

(1926) – 24’

Allegro vivace
Largo
Allegro vivace

Francesco Piemontesi, piano

PAUSA 20’

IGOR STRAVINSKY
(Lomonóssov, Rusia 1882 – Nueva York 1971)

La consagración de la primavera

(1911-1913) – 32’

Adoración de la Tierra: Introducción, Augurios primaverales-Danza de las adolescentes, Juego del rapto, Rondas primaverales, Juego de las tribus rivales, Cortejo del sabio, El sabio, Danza de la Tierra

El sacrificio: Introducción, Círculos misteriosos de las adolescentes, Glorificación de la Elegida, Evocación de los antepasados, Acción ritual de los antepasados, Danza sagrada-La Elegida.

ORQUESTRA SIMFÒNICA DE BARCELONA I NACIONAL DE CATALUNYA

FRANCESCO PIEMONTESI, piano

LUDOVIC MORLOT, DIRECCIÓn

PRIMEROS VIOLINES Jaha Lee, concertino asociada / Raúl García, asistente de concertino / Sarah Bels / Walter Ebenberger / Ana Galán / Natalia Mediavilla / Lev Mikhailovskii / Katia Novell / Ivan Percevic / María Pilar Pérez / Anca Ratiu / Jordi Salicrú / Aurora Zodieru-Luca / Paula Banciu* / Laura Pastor* / Aria Marina Trigas* SEGUNDOS VIOLINES Alexandra Presaizen, solista / Emil Bolozan, asistente / Maria José Aznar / Maria José Balaguer / Patricia Bronisz / Clàudia Farrés / Alzy Kim / Melita Murgea / Josep Maria Plana / Vladimir Chilaru* / Ana Kovacevic* / Sei Morishima* / David Olmedo* / Yulia Tsuranova* VIOLAS Aine Suzuki, solista / Anna Puig, asistente / Christine de Lacoste / David Derrico / Josephine Fitzpatrick / Franck Heudiard / Sophie Lasnet / Miquel Serrahima / Jennifer Stahl / Andreas Süssmayr / Adrià Trulls / Oreto Vayá* VIOLONCHELOS Charles-Antoine Archambault, solista / José Mor, solista / Blai Bosser / Irene Cervera / Lourdes Duñó / Vincent Ellegiers / Marc Galobardes / Jean-Baptiste Texier / Yoobin Chung* / Carla Conangla* CONTRABAJOS Christoph Rahn, solista / Jonathan Camps / Apostol Kosev / Matthew Nelson / Albert Prat / Anna Cristina Grau* / Nenad Jovic* / Maria Llastarry* FLAUTAS  Francisco López, solista / Beatriz Cambrils / Christian Farroni, asistente / Ricardo Borrull, flautín / Pablo Alcántara* OBOES Rafael Muñoz, solista / José Juan Pardo / Dolors Chiralt, asistente / Disa English, corno inglés / Luís Auñón*, corno inglés CLARINETES Josep Fuster, assistent / Juan José Pardo*, assistent i clarinet en mib / Alfons Reverté, clarinet baix / Xavier Castillo*, clarinet baix / M. Carmen García* FAGOTS Silvia Coricelli, solista / Noé Cantú / Thomas Greaves, asistente / Slawomir Krysmalski, contrafagot / Rosario Martínez*, contrafagot TROMPAS Juan Manuel Gómez, solista / Joan Aragó / Juan Conrado García, asistente / David Bonet / Pablo Marzal / Juan Guzmán* / Artur Jorge* / Max Nelo Salgado*  TROMPETAS Mireia Farrés, solista / Adrián Moscardó / Angel Serrano, asistente / Javier Cantos* / Andreu Moros* TROMBONES Eusebio Sáez, solista / Vicent Pérez / Gaspar Montesinos, asistente y trompeta baja / Raúl García, trombón bajo TUBA Jose Vicent Climent* / Antonio Garcia* TIMBALES Luc Rockweiler PERCUSIÓN Joan Marc Pino / Juan Francisco Ruiz / Ignasi Vila / Roberto Oliveira* / Diego Sáenz* ARPA Magdalena Barrera, solista CELESTA Lluïsa Espigolé* PIANO Rodrigo de Vera*

ENCARGADO DE ORQUESTA Walter Ebenberger
RESPONSABLE DE DOCUMENTACIÓN MUSICAL Begoña Pérez
RESPONSABLE TÉCNICO Ignasi Valero
PERSONAL DE ESCENA Luis Hernández*

* Colaborador/a

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por Oriol Pérez i Treviño

¿QUIÉN TEME AL SIGLO XX? LA MÚSICA DE TRES EXILIADOS

Ha sido la locutora de radio y percusionista Pilar Subirà quien ha popularizado la expresión «¿Quién teme al siglo XX?» para mostrar su apoyo sin complejos a la música de ese siglo. Y es que, como el mismo título del artículo advierte, el siglo XX es uno de los períodos más ricos y complejos de la historia de la música occidental. Y una prueba fehaciente es el programa que nos presenta hoy la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña con unos contenidos que posiblemente no incluiríamos, ni fácil ni rápidamente, en el imaginario de la complejidad y dificultad de las obras y de los compositores de esta centuria. En este programa encontramos desde un compositor nacionalista como Baltasar Samper (1888-1966), discípulo de toda una institución de la música hispánica como Felip Pedrell (1841-1922), pasando por un postromántico como Serguéi Rajmáninov (1873-1943) y finalizando con un siempre indefinible, ecléctico y, por qué no, genial, Ígor Stravinski (1882-1971), con una de las obras más célebres de todo su catálogo como es La consagración de la primavera (1913), que pertenece a la época en que colaboró con Serguéi Diáguilev y los Ballets Rusos en París.

Sin embargo, no es el posicionamiento estético de los compositores del programa de hoy lo que nos permite encontrar un denominador común, sino la experiencia vivida por todos ellos en un exilio forzado. En el caso de Baltasar Samper, desde el 26 de enero de 1939, cuando los tanques y las tropas franquistas entraron por la Diagonal. Primero en París y, a partir de 1942, en México. Nunca más volvería a su casa. Rajmáninov, después de la Revolución Rusa, en 1917, emigró de San Petersburgo con toda su familia hacia Estocolmo y, en noviembre de 1918, después de haberse establecido antes en Dinamarca, desde Cristianía (actualmente, Oslo) hasta Nueva York sin poder volver nunca más a su Rusia natal. Mucho más complejo fue el caso de Stravinski, puesto que el estallido de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y la posterior Revolución bolchevique de 1917 tuvieron lugar cuando él vivía en París. Primero se instaló en Suiza y más tarde en Francia, donde en 1934 se nacionalizó francés. En septiembre de 1939, debido al inicio de la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a Estados Unidos. No volvería a su Rusia natal hasta el 21 de septiembre de 1962, y declaró que volvía a Rusia, y no a la Unión Soviética, para dejar bien claro su conocido antibolchevismo.

A excepción del Concierto para piano n.º 4 en sol m, op. 40de Rajmáninov, ninguna de las otras obras del programa de hoy tiene mucho que ver con la mencionada experiencia del exilio, porque fueron compuestas anteriormente. No obstante, dado que la actual temporada de L’Auditori trata la temática Poder o Revuelta, al articulista le ha parecido importante señalar las consecuencias que estas dos importantes revueltas desplegadas en el siglo XX –una de tendencia comunista, en 1917 en Rusia, y otra fascista, en julio de 1936 en España, que desató una guerra civil– tuvieron en la vida de los compositores protagonistas del concierto de hoy.

Baltasar Samper: Ritual de pagesia. Suite sinfónica (1935)

Originalmente escrita para piano, Ritual de pagesia es una de las piezas del catálogo musical de Samper en las que se muestra de una manera más evidente su voluntad expresiva. Posteriormente la orquestó en forma de suite sinfónica en tres movimientos con un marcado sentido descriptivo, a la vez que sugerente, a partir de la denominación de estos movimientos: “Als olivars”, “De vetllada, a la llar” y “Als figuerars”. Todos ellos se erigen en evocadoras imágenes musicales del paisaje mallorquín mediante una sabia elección de melodías populares –no olvidemos la importante labor de Samper como etnomusicólogo–, pero vestidas con un lenguaje musical postimpresionista con presencia de acordes en paralelo y disonancias. Estrenada en 1935 por la Orquestra Pau Casals, el director Salvador Mas no ha dudado en definir las composiciones de Samper como «una música que, pese a beber del folclore, está llena de refinamiento, cultismo, sensibilidad e influencia francesa».

Serguéi Rajmáninov: Concierto para piano n.º 4 en sol m, op. 40(1926)

La única obra del concierto de hoy que debemos incardinar dentro de las consecuencias de un exilio es el último de los conciertos para piano compuesto por Rajmáninov. Las fechas no engañan, por lo que el exilio de este compositor supuso un freno para el desarrollo de su obra musical, aunque haya quien considere que solo fue una consecuencia de haberse centrado en su carrera musical como gran virtuoso del instrumento que era. Una cosa está clara: si en el período comprendido entre los años 1892 y 1917 el compositor había llegado a escribir un total de 39 obras, desde el año 1918 hasta su muerte en 1943 solo compuso seis, una de las cuales es el concierto que podremos escuchar hoy.

Aún hoy, el porqué de la composición de este concierto suscita cierta controversia, dados los éxitos que el autor ya había alcanzado con el segundo (op. 18) y el tercer (op. 30) concierto para piano. Compuesto durante casi dos años, existen tres versiones de él como consecuencia de su fallido estreno. Dedicado al compositor Nikolái Médtner (1880-1951) –que, como respuesta, le dedicaría su Concierto para piano n.º 2–, hay quien no duda en ver en este concierto la búsqueda de un nuevo lenguaje en el que el compositor de Starorusskij Ujezd demuestra haber analizado los nuevos lenguajes musicales con un uso preeminente de motivos temáticos más cortos, alejándose de las grandes frases románticas características de obras anteriores, e incluso con influencias provenientes de las obras de George Gershwin, especialmente en su segundo movimiento.

Estrenado con escaso éxito en 1926 por él mismo acompañado de la Orquesta de Filadelfia bajo la dirección de Leopold Stokowski, dos años más tarde hizo una revisión para su publicación. Ante la nueva falta de éxito de esta segunda versión, la retiró, y en 1941 creó y publicó una tercera versión, que es la que suele interpretarse.

Ígor Stravinski: La consagración de la primavera (1913)

Si fue escaso el éxito cosechado en el estreno del último concierto para piano de Rajmáninov, el del ballet La consagración de la primavera, que tuvo lugar el 29 de mayo de 1913 en el Théâtre des Champs-Élysées de París, no fue un estreno más. Supuso, en realidad, un antes y un después: el escándalo fue mayúsculo, pero es innegable que aquello no solo marcó la trayectoria del compositor de ese ballet, sino de la propia historia de la música occidental. Todo se tambaleó. En las crónicas de ese estreno se habla de peleas a puñetazos e, incluso, de la presencia de la policía; en definitiva, de un alboroto monumental. Pero también nos corrobora que Stravinski culminaba así el proceso dialéctico que había en el seno de la música rusa entre los partidarios de una música autóctona y salvaje, y otros más prooccidentales. Stravinski supuso la síntesis en la que la música rusa alcanzaba la condición de faro y luz para el resto de las manifestaciones musicales de Occidente.

Se ha especulado mucho acerca de si ese escándalo en el estreno de La consagración de la primavera es lo que comportó una necesidad de regreso al orden del Neoclasicismo de los años posteriores, pero no es menos verdad que Stravinski siempre jugó con una necesidad interior plenamente manifestada y expresada en este ballet.

Pese a que hayan pasado más de cincuenta años desde su muerte, el 6 de abril de 1971 en la ciudad de Nueva York, hay algo que todavía nos sigue inquietando e impresionando de la figura de Ígor Stravinski (1882-1971). Se trata de una especie de sensación que nos impide o dificulta creer que haya pasado medio siglo completo desde su muerte. A diferencia de otras figuras del arte contemporáneo –como pueden ser, a modo de ejemplo, un Andy Warhol (1928-1987) o un Joseph Beuys (1921-1986), que han alcanzado, indiscutiblemente, una atemporalidad y un lugar en el panteón de los clásicos, pese a haber muerto mucho más tarde que Stravinski–, el abajo firmante no tiene del todo claro que el compositor haya alcanzado el grado de referencia suficiente para ser considerado no solo una de las grandes figuras de la música del siglo XX, sino también de toda la historia de la música occidental. Hay que decirlo lo antes posible: escribir sobre Stravinski no es escribir sobre una de las grandes figuras culturales del siglo XX. Es hablar de eso que hemos acabado llamando música occidental. Y, entre todas sus obras, es posible que La consagración de la primavera juegue un papel central y estelar.

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