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Aleix Palau | 28 abril 2022

L'Auditori restaura la Llanterna de Rafael Moneo y las pinturas de Pablo Palazuelo

Las obras se completarán este verano y recuperarán el aspecto original del conjunto patrimonial de la Llanterna.
Tres murales efímeros realizados por las artistas Eloise Gillow, Mina Hamada y Carla Fuentes decoran el perímetro de la Llanterna durante las obras.

L'Auditori restaura la Llanterna de Rafael Moneo y las pinturas de Pablo Palazuelo

L'Auditori de Barcelona restaura la Llanterna de Rafael Moneo, que contiene las pinturas murales de Pablo Palazuelo. Un proyecto que prevé la sustitución de las superficies de cristal del monumento para solucionar los problemas de rotura de algunas de las piezas que las constituyen y adaptarlas al nuevo marco normativo. Las obras, que empezaron el pasado 1 de febrero, está previsto que acaben en septiembre.

Una vez sustituidos los lienzos de vidrio, se procederá a la restitución de las pinturas murales. De la mano del departamento de Patrimonio del Ayuntamiento de Barcelona y siguiendo las directrices de la Fundación Pablo Palazuelo, se han tomado las medidas necesarias para que esta tarea sea lo más fidedigna posible a la obra original, desde el levantamiento topográfico de los trazos que constituyen la pieza en el análisis de laboratorio de muestras de pintura, con una completa investigación de la documentación de construcción del edificio para reproducir el sistema de pintado de la obra.

Aprovechando la intervención, se actualizará el sistema de iluminación con luminarias más sostenibles tipo LED y se someterá al entramado metálico desnudado a trabajos de conservación de la estructura.

La Llanterna es el núcleo vertebrador de L'Auditori de Barcelona. Concebido, el edificio, como un monólogo respecto a un entorno que no ofrecía posibilidad de diálogo, la Llanterna es el resultado más brillante de la mirada autónoma e intimista que proponía el proyecto de Rafael Moneo. Construida, elevada, dentro del centro vacío del edificio, actúa como nexo de unión entre las dos salas del equipamiento y el espacio del Museu de la Música solucionando de forma original el hecho de compartir un único vestíbulo exterior.

La Llanterna es también el resultado de la colaboración de dos artistas excepcionales: el arquitecto Rafael Moneo, premio Pritzker de la Arquitectura, y el pintor, escultor y grabador Pablo Palazuelo, Premio Nacional de Artes Plásticas. Ésta es la segunda obra conjunta después del vestíbulo del edificio Bankiter, en Madrid, y resulta en la plasmación de una serie de pinturas murales sobre 8 lienzos de cristal suspendidos de la estructura principal del edificio de L'Auditori. La obra, con su ritmo vertical y una apariencia cristalográfica, es el contrapunto a la modernidad discreta del resto del edificio.

El presupuesto global máximo de esta inversión es de 1.123.000 euros (IVA incluido). Las obras se financian con una subvención del Departamento de Cultura de la Generalitat de Catalunya y una aportación del Ayuntamiento de Barcelona del Plan de Inversiones Municipal.

Durante el tiempo que duran las obras, las artistas plásticas Eloise Gillow, Mina Hamada y Carla Fuentes han intervenido en los muros perimetrales que cierran las obras y han creado tres grandes murales con la temática de la trilogía de las presentes temporadas artísticas de L'Auditori: la Creación (2020-21), Amor y Odio (2021-22) y Muerte o Retorno (2022-23).

La intervención de la Llanterna se suma a otras mejoras que está realizando L'Auditori en término de infraestructuras y sostenibilidad, como el cambio del sistema de climatización, la sustitución de la iluminación interna y externa por luminaria LED y la instalación de placas solares en la azotea del equipamiento.

L'Auditori fue realizado por el arquitecto Rafael Moneo entre 1990 y 1999. Durante este período, Palazuelo investigaba con diseños que contenían caligrafías de signos con trazos alargados hasta los límites del papel. Para la propuesta de actuación en las ocho paredes de cristal de la Llanterna, el pintor desarrolló una familia gráfica completa que representaba repeticiones reticuladas y que tituló Concert. Esta propuesta es el resultado de una serie de mutaciones que resultan en unos conjuntos claros de trazos oblicuos y entrelazados con espesores cambiantes, jerarquizados con una coloración añil. Si bien la propuesta inicial contemplaba la realización de los trazos con piezas metálicas, finalmente se ejecutaron con pintura lacada.

Este diseño se centró en la pieza de transición entre los dos grandes volúmenes que contienen las salas de concierto, un espacio cuadrangular y abierto con paneles de cristal de grandes dimensiones. A pesar de ser una actuación ceñida al perímetro de este espacio, el trabajo de Palazuelo trasciende los muros y transforma la caja de cristal suspendida y girada en diagonal en una joya, en una lámpara como homenaje a la música.

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