ÉLIANE RADIGUE
(París 1932)

Occam OCÉAN Hepta I

(2018) – Estrena nacional – 30′

CATHERINE LAMB
(Olympia, Washington, Estados Unidos 1982)

Overlays Transparent/Opaque

(2013) – Estrena nacional – 11’

COMENTARIO

por Ismael G. Cabral

Música de l’oceà interior

Después de evocar hace unos meses en este mismo escenario y en este mismo ciclo a la pionera del arte sonoro Maryanne Amacher, el concierto que ahora se ofrece, dedicado a la presente (y al presente de) Éliane Radigue (1932), encuentra todo su sentido. Se trata de una de las más importantes compositoras de nuestro tiempo, afirmación todo lo maximalista que se considere y que, a buen seguro, hallará adhesiones y discrepancias en función del prisma desde el que se aborden la relevancia y el futuro del legado de una creadora capital para entender la música electrónica en la segunda mitad del siglo XX. Esto puede parecer un tanto paradójico si pensamos que la obra principal que hoy se escuchará, Occam Océan Hepta 1 (2018) es una composición para ensemble sin ningún aditamento electroacústico. Hasta el año 2000, en efecto, la producción de la creadora francesa fue íntegramente para medios electrónicos, comenzando un inesperado viraje al sonido acústico (que aún continúa) tras su canto del cisne digital, L’île re-sonante (2000).

El Ensemble Dedalus fue la formación –de heterogeneidad orgánica– dedicataria de la primera pieza para ensemble que concibió. Un septeto que nace, como el conjunto de la obra acústica de Radigue, del encuentro y el trabajo de la autora con los intérpretes que, gota a gota, fueron acercándose a ella fascinados por la poética de su música para sintetizadores. Sorprendida por el culto en torno a su figura, que consideraba inexistente, finalmente acabaría sucumbiendo a la tentación instrumental ante la constatación de la existencia no solo de músicos técnicamente cualificados, sino también con la exacta predisposición de acompañarla en un viaje hacia una práctica instrumental que configura una provocativa indisciplina, incluso en el ámbito de la nueva música. Toda la creación acústica de Radigue es de tradición oral, no existen partituras y nada nace si no es a partir de un trabajo colaborativo previo.

A pesar del imponente catálogo electrónico que la precede, en una obra como Occam Océan Hepta 1 no hay ningún afán imitativo de aquel universo, aunque sí concomitancias. «Ella no nos hizo referencia alguna a la electroacústica, pero sí a ciertos conceptos de armónicos y de ataques que es preciso crear instrumentalmente. Además, no podemos emplear vibrato y, eso sí, pidió que los sonidos se desvanecieran de la forma más similar posible a como lo hacen los sonidos electrónicos», cuenta Didier Aschour, guitarrista y miembro de Dedalus, formación muy cercana a estas sonoridades tenidas y de gigantes sutilezas (como demuestra, por ejemplo, su reciente acercamiento discográfico a Brian Eno). «El primer encuentro con Éliane fue en su apartamento de París. Nos explicó su música y cómo funciona su desarrollo, y también su deseo de que la pieza viviera y creciera con el tiempo gracias al trabajo de los músicos, a su transmisión oral. Luego nos pidió que relacionáramos mentalmente su música con un océano, mar o río específico y, a continuación, que cada uno de nosotros imaginásemos un viaje íntimo por el lugar elegido sin que desvelásemos cuál era. Los días siguientes trabajamos solo nosotros por la mañana y ella se incorporaba por la tarde. Después de cuatro días, consideró que Occam Océan Hepta 1 había nacido y lo celebró abriendo una botella de champán», explica. Dado que todos los integrantes del ensemble habían trabajado previamente con la compositora, es plausible afirmar que la música que de la aproximación mutua nació constituye una radiografía tanto del momento actual de Radigue como de la personalidad común de esta reunión de voluntades. Es una obra desnuda que apela a una escucha consciente y profunda, similar en concepto, pero disímil en estética a la deep listening a la que animaba Pauline Oliveros. En todo caso, se trata de una creación que hay que saber aprehender y en la que convivir ahora nosotros como oyentes individuales y como efímera comunidad de escuchantes. A buen seguro que, al final, llevaremos la contraria al tan errado como desatento oyente Pierre Henry cuando, en 1960, tras asistir a un concierto de Radigue, le espetó: «¿Qué estás haciendo? Tu música no tiene ningún sentido, no hay nada en ella», según recuerda la propia compositora en el libro-entrevista Intermediary Spaces (Julia Eckhardt, 2019).

Catherine Lamb pertenece a una generación muy posterior –medio siglo las separa–, aunque no es osado asegurar que su música es una consecuencia de la anterior, una personal hibridación que entrecruza múltiples poéticas, también las de escultores del sonido como Alvin Lucier y Paul Panhuysen. Overlays Transparent/Opaque (2013) supone el estreno nacional de una obra que, a juicio de Aschour, comparte un mismo interés “por la interacción de los tonos, aunque, en su caso, su paleta tímbrica esté más circunscrita a las posibilidades de la entonación justa”. Para penetrar en este inventario fenomenológico de vibraciones y superposiciones, al entrar en la sala estará difundiéndose por altavoces Kyema, capítulo inicial de una de las más insondables composiciones electroacústicas de Radigue, su Trilogie de la mort (1988).

(*) durante la entrada de público a la sala sonará la obra "Kyema" de Trilogie de la mort (1988) d’Éliane Radigue.

Este concierto recibe el apoyo de Occitanie en Scène

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