BERNHARD LANG
(Linz, Austria 1957)

Monadologie XVIII "Moving Architecture"

Estrena nacional – 55

PHACE
DAISY PRESS, VOZ
NACHO DE PAZ, DIRECCIÓN
COMENTARIO

por Ismael G. Cabral

ESCOMBRATS PER LHURACÀ LANG

Aunque la idea de extensos ciclos parece más afín a períodos pretéritos de las vanguardias (sean en el orden artístico que sean), el compositor austríaco Bernhard Lang demuestra en su catálogo ser completamente cercano a esa idea de composición en racimo, un uno más uno constante que le permite tanto depurar hasta el extremo su lenguaje como abordar una misma investigación desde ópticas formales muy diversas.

Es el caso de la obra que hoy ponen en los atriles los músicos de PHACE. Monadología XVIII "Moving Architecture" (2012) es efectivamente el capítulo 18 de una serie que, en el momento en que se escriben estas líneas, acaricia el medio centenar de obras, todas ellas para diferentes formaciones. Es probablemente el work in progress al que Lang ha dedicado más añadidos, aunque paralelamente mantenga en la superficie otras series como la abrumadora DW. Differenz und Wiederholung (Diferencia y repetición), pero también Songbook, Hermetika, GAME o Loop. Es a través de este conglomerado orgánico de piezas en desarrollo, como se explica la obra intensamente rupturista del músico austríaco. En el número 271 de la muy académica revista especializada Tempo leíamos, al respecto de Lang, como éste era señalado autor de una “música repetitiva extrema”. Una aseveración que es, al menos, singular y discutida, especialmente si tenemos en consideración que el propio compositor reconoce que parte de un sitio muy diferente al de los minimalistas, tanto los que podemos identificar como escuela (Reich, Glass, Johnson, Young… ) como los más fieles a un estatismo radical (Radigue, Lucier, Niblock…). Sin duda, una obra como Monadologie XVIII no milita en ninguna de estas estéticas, aunque en ésta se produzca la repetición, de una manera lógica, como un elemento subyacente a un punto de partida (característico de todo el ciclo de obras arremolinadas con este título) en el que la sobreescritura de música preexistente desemboca en una especie de metacomposición. Lang busca alterar la comprensión del material original, y lo consigue de forma especialmente excelente en este capítulo XVIII “Moving Architecture”. Lo que se presenta y obtiene es una música profundamente inestable, de costuras en algunos pasajes claramente imantadas por el pop-rock, en la que la transformación constante del material y la concentración de bucles nos sacuden como oyentes.

Poco afín a un didactismo que hace mucho tiempo abandonó buena parte de la composición actual, Bernhard Lang anota al respecto de estos casi 60 minutos de música un breve texto de la poetisa judía Rose Ausländer (1901-1988): “Cuatro paredes, un techo y un suelo / ¿Es una habitación? ¿Es una celda? / Si no fuera por la ventana y por la puerta / Podría parecer una parte del infierno”. Hasta 22 textos fragmentarios de la autora alemana se diseminan en unas estancias y otras, todos ellos aludiendo a diferentes ideas al respecto de la emigración. Un asunto que interesó especialmente al compositor al querer conectar la obra con el propósito por el que se gestó, celebrar el décimo aniversario del Foro Cultural de Austria en Nueva York, una institución cuya historia está fuertemente ligada con el hecho migratorio. Para sustentar el armazón técnico, Lang quiso redibujar arquitectónicamente el plano original del edificio en el que se instala para transformar (de nuevo, esa idea como un motto constante en su obra) las proporciones del plano en escalas temporales y en duraciones. Pero aún hay más elementos en esta Monadologie XVIII, siquiera citaremos los que se conjugan durante la interpretación. De un lado encontramos al conjunto instrumental (compuesto por flauta, clarinete, trompeta, trompa, trombón, sintetizador, violín, viola, violonchelo y contrabajo, utilizados en diferentes asociaciones tímbricas, también en solos y en tuttis) y la voz de una cantante. Es exacto el término. También podríamos utilizar el que emplea la solista en el concierto de esta tarde, Daisy Press, vocalista. No se precisa de una soprano ni de ninguna otra cuerda determinada; sí se exige una voz extremadamente dúctil capaz de sobreponerse a la espasmódica y cíclica gestualidad para desenmarañar la acción sonora a la que aboca la partitura. El conglomerado da idea del barroquismo en el que se gusta Lang, quien añade en esta pieza otro estímulo sónico más, la reiteración obsesiva del tema Like a Rolling Stone, de Bob Dylan. Con todos estos ingredientes en liza la mixtura es plena y la heterogeneidad de los resultados ha causado más de una conmoción en los habitualmente excitantes pero, en ocasiones, demasiado previsibles cenáculos de la nueva música. Como ha demostrado el compositor en piezas precedentes y ulteriores, sus conceptos y presupuestos de partida pasan como un rodillo, como una apisonadora, por todo tipo de músicas (del Renacimiento al tecno, de la música clásica al icónico Dylan) que quedan regurgitadas o, más gráficamente aún, incrustadas en frescos sonoros en los que despieces rítmicos y hasta de la error culture quedan retratados como objetos a la mano de la escritura fagocitadora de Bernhard Lang.

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