ANTONÍN DVORÁK
(Nelahozeves, República Checa 1841 – Praga, República Checa 1904)
Concierto para violonchelo y orquesta en si menor, op. 104
(1894-1895) – 40’
Allegro
Adagio ma non troppo
Finale: Allegro moderato
Pablo Ferrández, violonchelo
PAUSA 20’
LEONARD BERNSTEIN
(Massachussetts, Estados Unidos 1918 – New York, Estados Unidos 1990)
Candide. Obertura
(1955-1956) – 5’
West Side Story. Danzas sinfónicas
(1957) – 23’
Prologue – Somewhere- Scherzo – Mambo – Cha Cha – Meeting Scene – Cool Fugue – Rumble – Finale
Orquestra Simfònica de Barcelona i Nacional de Catalunya
ludovic morlot, dirección
pablo ferrández, violonchelo
PRIMEROS VIOLINES Kai Gleusteen*, concertino invitado / Raúl García, asistente de concertino / Benjamí Scherer, asistente de concertino / Paula Banciu / Sarah Bels / Walter Ebenberger / Clàudia Farrés / Zabdiel Hernández / Natàlia Mediavilla / Lev Mikhailovskii / Katia Novell / Anca Ratiu / Jordi Salicrú / Anna Castellani* / Aleksandra Ivanovski* / Elitsa Yancheva* · SEGUNDOS VIOLINES Raúl Suárez, solista / Melita Murgea / M. José Aznar / M. José Balaguer / Mireia Coma / Alzy Kim / Laura Pastor / Ícar Solé / Robert Tomàs / Judit Bofarull* / Enric Fernández* / Octavi Martínez* / Francina Moll* / David Olmedo* · VIOLAS Mateusz Stasto *, solista invitado / Noemí Fúnez, asistente / Christine de Lacoste / Josephine Fitzpatrick / Franck Heudiard / Sophie Lasnet / Jennifer Stahl / Adrià Trulls / Joan Fèlix* / Ricardo Gil* / Cristina Rodríguez* / Jordi Roure* · VIOLONCHELOS José Mor, solista / Irene Cervera / Lourdes Duñó / Vincent Ellegiers / Marc Galobardes / Elena Gómez / Olga Manescu / Jean-Baptiste Texier / Lluc Pascual* / Quim Tejedor* · CONTRABAJOS Luís Cabrera, solista / Dmitri Smyshlyaev, asistente / Apostol Kosev / Matthew Nelson / Albert Prat / Elena Marigómez* / Noemí Molinero* / Santiago Sorrentino* · FLAUTAS Christian Farroni, asistente / Guillermo González* / Ricardo Borrull, flautín · OBOES Rafael Muñoz, solista / José Juan Pardo / Disa English, corno inglés · CLARINETES Pedro Franco*, solista invitado / Francesc Navarro / Francisco Rodríguez*, clarinet en mi b / Laura García*, clarinete bajo · FAGOTS Silvia Coricelli, solista / Noé Cantú / Slawomir Krysmalski, contrafagot · TROMPAS Juan Manuel Gómez, solista / Joan Aragó / David Bonet / Juan Conrado García, asistente de solista / Pablo Marzal, asistente · TROMPETAS Ángel Serrano, asistente / Miguel Herráez / Raúl Alzallú* · TROMBONES Eusebio Sáez, solista / Pablo Rodríguez / Gaspar Montesinos, asistente / Raúl García, trombón bajo · TUBA José Vicente Climent* · TIMBALES David Montoya, solista · PERCUSSIÓN Joan Marc Pino, solista / Ignasi Vila / Miquel Àngel Martínez* / Diego Sáenz* · ARPA Magdalena Barrera, solista · PIANO Daniel Espasa* · CELESTA Alvaro Metzger* · SAXO Nacho Gascón*
DIRECTORA TÉCNICA María Marí
JEFA DEL DEPARTAMENTO ARTÍSTIC Montserrat Grau
ASISTENTE DIRECCIÓN TÉCNICA Núria Torrens
PRODUCCIÓN ARTÍSTICA Jose Sanchis
CONTRACTACIÓN EXTERNA Leticia Martín
ARCHIVERA Begoña Pérez
ADMINISTRATIVA Mercè J. Puertas
ENCARGADO DE ORQUESTA Walter Ebenberger
RESPONSABLE TÉCNICA Ignasi Valero
TÉCNICA DE ESCENA Luís Alberto Hernández
*Colaborador/a
COMENTARIo
por Yolanda Quincoces
SUEÑOS AMERICANOS
En el devenir de la historia de la música occidental, Estados Unidos fue visto desde Europa como un país, cuanto menos, periférico hasta bien entrado el siglo XX, cuando la música de George Gershwin, Aaron Copland o Leonard Bernstein (entre otros) pasó a formar parte del repertorio de las salas de conciertos de forma estable. Algo que estos nombres tienen en común es la creación de una música eminentemente americana, que integra sonoridades reconocidas como nacionales o propias, desarrolladas a partir de la música folclórica, los negros espirituales o el jazz.
Resulta, sin embargo, curioso que uno de los primeros compositores en emplear las influencias populares con éxito en Estados Unidos no fuera americano, sino bohemio. Tras una carrera de éxito en Europa, en 1892, Antonín Dvorák recibía una suculenta oferta para ocupar la plaza de director del Conservatorio Nacional de Música de Nueva York, cargo que desempeñaría durante tres años. Fue un periodo breve, pero fructífero, en que escribió su cuarteto y quinteto Americanos, la Sinfonía del Nuevo Mundo o el Concierto para violonchelo en si m, op. 104, terminado unas semanas antes de su regreso a Bohemia. Las referencias a la música popular americana traslucen en la sinfonía y las piezas de cámara, pero no aparecen en el Concierto para violonchelo, si bien sus melodías están impregnadas de un aire modal, característico del folclore, que el músico había convertido en seña de identidad.
Dvorák ya había intentado en su juventud escribir un concierto para chelo, sin llegar a orquestarlo. El violonchelo «se queja en los agudos y refunfuña en los graves», lamentaría. Su opinión cambiaría radicalmente al escuchar el segundo concierto del violonchelista Victor Herbert, en marzo de 1894, que le dejó impresionado. Medio año después, se lanzaba a la composición de la que se convertiría en una de sus piezas más celebradas. Aunque Dvorák se lo dedicó a su amigo Hanuš Wihan, fue un joven Leo Stern quien interpretó el concierto, con el compositor a la batuta, en el estreno en Londres en 1896. «Si hubiera sabido que era posible escribir un concierto para chelo como este, ¡yo también lo habría intentado!», diría Brahms al tocar la obra al piano por primera vez ese mismo año.
El concierto derrocha genio en sus melodías e instrumentación, y la manera en que orquesta y solista dialogan como iguales. El primer tema del movimiento inicial, lleno de fuerza, contrasta con el lirismo del segundo, de cuya melodía Dvorák se sentía orgulloso: «Cada vez que la toco, empiezo a temblar de arriba abajo». La enfermedad de Josefína Kounicová, su cuñada y amor de juventud, le inspiró a incluir en el segundo movimiento (y al final del tercero, a posteriori) una cita de la canción Déjame solo, de su ciclo de Cuatro canciones, op.82, la preferida de ella. El rondó final se mueve de si menor a un esperanzado modo mayor que preludia la felicidad del compositor por su vuelta a Praga.
En el caso de Leonard Bernstein, su capacidad de adaptación al proyecto que se trajera entre manos hizo que dejara de lado las influencias del jazz o el blues que había adoptado en otros trabajos para Broadway ante la posibilidad de escribir una obra de teatro musical basada en el Cándido de Voltaire, una novela satírica de 1759. Candide de Bernstein (1956) es una opereta al estilo de Jacques Offenbach o Richard Strauss, con libreto de la dramaturga Lillian Hellman, que no caló demasiado bien entre el público neoyorkino. Al margen de la suerte de la obra, que sufrió múltiples revisiones, la obertura se convirtió desde el comienzo en una exitosa pieza de concierto. Escrita en forma de sonata propia de otros géneros musicales, este breve pero excepcional preludio presenta algunos de los temas principales de la opereta, como el dúo “Oh, Happy We” y la famosa aria “Glitter and Be Gay”, terminando en un divertido y arrollador crescendo.
West Side Story (1957), escrita en gran parte a la par que Candide, con coreografías de Jerome Robbins y letras de Stephen Sondheim, fue la obra que catapultó a Bernstein a la fama, la cual consiguió un éxito mantenido, como demuestra el reciente remake cinematográfico firmado por Steven Spielberg. Esta adaptación moderna de Romeo y Julieta cuenta con una partitura brillante, de la que en 1960 Bernstein extrajo nueve números para acomodarlos a las salas de conciertos. Las Danzas sinfónicas de West Side Story condensan la trama del musical y, a la vez, en palabras de Jack Gottlieb, «es música por derecho propio, música que no necesita depender de un conocimiento previo de los hechos que se desarrollan en el escenario». La historia de amor imposible de Tony y María, tan inestable como el acorde de tritono que recorre toda la obra (ese premonitorio “María”), se entreteje en el trasfondo de las luchas callejeras de los Sharks y los Jets, mezclando influencias del jazz y ritmos latinos, como el animado “Mambo”. El amor parece triunfar por un momento en un utópico “Somewhere”, que se tornará en desgracia al final de la suite.
Concierto dedicado a

Colaboran

